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jueves, 19 de septiembre de 2013

¡Disney, a veces, tiene razón!



La lluvia no ha dejado respirar la tercera estación del año, esa que se viste de morado y deja destellos maple en las calles. El viento frío sigue soplando con dejos de hartazgo y un par de copas de cristal llenas de sangre purpura. La brújula de mi destino sigue imantada en el mismo puerto. Por más que intento dejar un posdata nunca vuelvas, sigo soñando con la brisa cálida de mi hechicero.  Su nombre sigue visitando mi almohada cada noche y mis días siguen el ritmo cotidiano del latido de su corazón. Busco entre las gotas de lluvia el arcoiris que me muestre el camino correcto. Las notas de su aroma siguen sorprendiéndome, recorren cada milímetro de mi mundo. ¿De qué manera viaja tan rápido en mi mente? Será por cada palabra, cada acción, cada momento que comparte conmigo que hace vibrar mi ser.
He amado, he escrito notas, he leído historias, bailado y viajado en globos de colores, recorrido ciudades, he llorado y reído, he dormido tomada de la mano y acariciado sueños junto alguien más, pero nunca me había embriaga la sensación de sentirlo como mi compañero de viaje. Disney engaña, pero la intuición no se equivoca. ¿Por qué lo siento tan mío? ¿Por qué siento que su alma conoce a la perfección la mía? ¿Por qué por más que intento dejarlo, no puedo? ¿Por qué siento que él no quiere dejarme ir?
Mi realidad se escapa con mi razón. Vivo en una burbuja que, tal vez, se reviente. Pero mientras mi historia se cuente, aunque sea de manera abrupta, seguiré caminando a su lado. Seguiré construyendo mi sueño a su lado, esperando que deje de ser sapo y se convierta en mi príncipe para decir: ¡Disney, a veces, tiene razón!

sábado, 9 de febrero de 2013

¡Carajo, cómo me gustan los artistas!



Hay veces en la vida en las que uno necesita tocar fondo para darse cuenta de la mierda en la que se está caminando. Y por más señales que la vida te ponga enfrente, insistes e insistes en seguir topándote contra la pared. Pa ´colmo de mis males, está es la triste historia de mi vida, insisto e insito en tratar de verle las cosas buenas a la vida, verle el lado positivo a la gente. Sin embargo, ya llegué a mi límite, ya toqué fondo, ya estoy hasta el tope y hoy he gritado un millón de veces “¡al carajo!, ¡a la chingada todo mundo! (una disculpa a mi único lector, pero no mames, hoy sí tengo ganas de decir mil groserías y mandar a todo mundo al carajo. Sí al carajo y a la mierda y qué y qué y qué).
Sin embargo, siempre existen esos pequeños puñados de personas que te hacen ver las cosas de otra manera, personas que te dicen “con calma, respira profundo”. E incluso, existen esas personas que te sacan de la mierda y te dicen “con calma, respira profundo que yo ahorita te cuido”. ¡Bendito Dios que existen esas personas! Hoy, a pesar de haber pasado el coraje de m vida, una decepción, de esas que calan los hueso y le dan un putazo al ego, de esas que dices “¡puta madre, lo sabía!” (de nuevo, mil disculpas por mi hermoso y colorido lenguaje), aparecieron ese cúmulo de personas: mis amiguitos adorados, y por supuesto, no es porque los haga de menos, mi nuevo objeto de deseo, llamado V. Con él me doy cuenta, seriamente, que tengo un liguero problema con los artistas (mi único lector, ahí te va el breviario cultural: V es un artista con el cual estuve trabajando una temporada. Por suerte renuncié porque sino en este momento no seríamos lo que somos, si es que somos algo –llámese como se quiera llamar-). Volviendo al asunto, este tipo V, a pesar de mi enojo, de mi gripe mortal, de mi migraña y mi sueño roto, me ha hecho la noche. He pasado una vela excelente, en un lugar escondido de la ciudad. La charla ha sido maravillosa, el encanto de sus manos tomando mi cabello para atravesar la línea que separa el rose de unos labios rojos sedientos por probar el lenguaje de una tierra nueva. ¡Oh mi Dios!, ¡Oh dios!. Por un momento, todos mis sentimientos contenidos, mis enojos, mi tristeza se fueron borrando. Mi piel empezaba arder al descubrir su piel, una piel nueva, una piel suave y morena. ¡Carajo! ¿qué tienen los hombre de piel morena que me vuelven loca? ¡Carajo! ¿qué tiene los artistas qué siempre me llevan a las nubes con un solo rose de piel?...¡Carajo, llego a casa y vuelvo a emputarme! Veo un pinche coche blanco afuera de mi garage y digo ¡bendito dios por quitarme la “mierda” de los ojos!

miércoles, 6 de febrero de 2013

Al hacer maletas...



No sé cómo empezar estas líneas. Me vienen tantas cosas a la cabeza; tantas cosas qué decir. Casi es media noche y aún sigo despierta, meditativa, esperando que el dulce beso de Morfeo llegue a mi lecho azul. El día de hoy ha sido uno de esos días en que uno corre, hace, sube, baja, va y viene, y al final se siente como si no se hubiera hecho nada. Sin embargo, el cansancio pesa como pesa el mundo sobre la espalda de Atlas. 
Acabo de recibir una llamada, de esas llamadas que te dejan un mal sabor de boca, una llamada que removió antiguas heridas y me hizo recordar acontecimientos que creí asunto enterrado.  La situación es la siguiente: mi amiga decidió tomar un nuevo rumbo a su vida. La brújula, que ella creía rectora de su destino, dejó de funcionar. La eminente separación entre ella y su actual pareja se hizo presente. Entre lágrimas, mi amiga hará las maletas esta noche. Dejará recuerdos, besos, caricias, sueños, planes, bailes, estrellas, conciertos, películas e ilusiones. Empacará todo aquello que le sirva y le venga bien a su nueva vida. Desafortunadamente, como siempre lo he dicho, ¡así las cosas!. Ella, mientras guarda el cúmulo de años con su pareja, se siente devastada, cansada, exhausta, pero sobretodo, se siente culpable de dejar al otro y sus malos momentos. Se siente culpable por el otro, se siente culpable por ser ella la que decidió que no habrán más historias que contar. Se siente culpable por ser ella la que rompe el sueño.
Al colgar el teléfono me vuelve aquél sentimiento idiota que tanto odio: la nostalgia. Por momentos mis lágrimas acompañan las suyas. Recuerdo y me acordar más de todo aquello que me ha hecho llorar. Mis lágrimas no comprenden las de ella, comprenden las de él. Porque en el fondo sé que siempre he sido yo la que ha hecho las maletas, pero las he hecho porque me lo han pedido, porque alguien más me dijo que ya no habrá más historias que contar. ¿Será que existimos seres destinados a nunca ser los remitentes de la carta? Por el momento, soy ese no-remitente, soy ese Hilda dos puntos, soy ese posdata no me busques. Y tal vez, suene melodramático, pero así las cosas. Así me ha pintado la vida.

Hoy después de mi té de media tarde con mi terapeuta, descubrí que mi daño colateral se escribió cuando me dividí al perder a mis padres, previó a eso, el gancho al hígado que K me dejó. En ese momento me perdí en el camino. Dejé de sentir, de respirar y, aunque no lo parezca, me propuse no sentir más allá de la razón oculta en un pequeño rincón de mi mente abrumadora. Empecé a querer dar todo de mí, a buscar y a exigir lo que había perdido.  Decidí que estaba dispuesta a rogar, a suplicar, a implorar por el amor que me habían quitado.  Con pequeños parches quise tapar el enorme hueco que me habían dejado. Sin embargo, en esos momento de querer zurcir las heridas, no he podido dejar que los hilos penetren la piel del alma desnuda. Aún trato de buscar un estabilizador, un ancla que me permita embarcar en un puerto. Paso a paso logro olvidar todo el daño que me causaron los últimos años de mi vida.  Poco a poco me acostumbro a mi pequeña mascota de nombre Alinka, y trato de no recordar, aunque empiezo a buscar, a los pequeños gatitos que en su momento marcaron mi vida…pero esa es otra historia. Otra historia que empacar.

jueves, 31 de enero de 2013

He pensado tanto en ti, que juraría que te extraño.



Han pasado varios días desde que te fuiste. Tu partida telefónica me dejó con el recuerdo de un dulce deseo. Sé, porque me lo dijiste una vez, que tú y yo no seremos otra cosa más que el triste recuerdo de lo que pudo ser.  A veces creo, que tu figura me la invento. A veces pienso que las mejores conversaciones bajo la luna, las tuve mientras recordábamos nuestros planes a futuro: un par de visitas a Madrid, una ventana en París, y un paseo en Viena tomados de la mano. He pensando en todas aquellas promesas que nos hicimos mientras besábamos nuestra sonrisa al viento; mi cuerpo enredado al tuyo, tu piel sudando hasta que no quedaba aliento.
Te he pensando tanto, que me asusta saber que aún vives en mis pensamientos. Tu figura encantadora sigue rondando por mi habitación mientras duermo. Te pensé asunto olvidado, pero al verte de nuevo mi universo colapso. Oírte reír por mi cantar, aullido de luna, me hizo recordar tantos paseos incompletos. Hoy te he pensado tanto, que me asusta engañarme constantemente. Sé que no volverás, que me pediste cerrar esa historia que se destruyó en un abrir y cerrar de ojos, que se perdió entre los suspiros y el llanto por nuestras perdidas: mis padres, tu hijo. Se perdí entre mis cuentos, tu historia, mi línea del tiempo, tu paso por la guerra, mi autismo, tus arrebatos de celos, mi interés perdido, tu falta de fe, mi absurda inseguridad, tu explosión, mi olvido, tu olvido, te olvido.

miércoles, 16 de enero de 2013

Como todo en la vida



Pues bueno, he decidido retomar este espacio bitácora-fantasía-virtual después de varios meses de haberlo abandonado. Que ¿Cómo pintan las cosas? Pues nada. Todo bien, todo mal. Como todo en la vida. Y pues sí, me gusta escribirlo así, me gusta escribir así.  Para no hacer el cuento tan largo, diré que la vida me ha sorprendido con un cúmulo de sorpresas (sí, aunque sea redundante). Unas buenas, otras malas. Como todo en la vida. Sigo siendo la misma queen drama, y la misma persona, siempre diva, siempre dulce, siempre inquieta, siempre intensa, siempre remolino, siempre soñadora, siempre té de menta, siempre té caliente, siempre nieve de fresa, siempre piel de durazno, siempre fantasma, siempre cítrico en las venas, siempre veneno, siempre color arcoiris, siempre grano de azúcar en la sal, siempre aroma púrpura, con sangre y café en las venas. A veces bien, a veces mal. Como todo en la vida. Mi trabajo me ha costado; me ha costado dar clases de estética, de cultura visual y diseño contemporáneo, y ahora de medios digitales; me ha costado la edición de grados Celsius hasta un Fahrenheit de por medio; me ha costado en la curaduría, y en el arte, y en las letras. A veces té caliente, a veces te frío. Como todo en la vida. Me he enamorado de ti, de la vida y de mí. Envuelta en el país de Morfeo me enamoré de un Zaragozano, me llevó al país de las maravillas y me tiro a los suelos en un abrir y cerrar de ojos. Y  de nuevo, por un extraño número indescifrable, irreconocible para cualquier ser humano, de veces, volví a tomar pastillas para no soñar y terminé soñando con el que siempre viaja en mi maleta de deseos, con mi placebo favorito. Como todo en la vida, a veces bien, a veces mal. Volví a beber de esa bebida prohibida para mis entrañas, volví a empaparme de ese té afrutado que al probarlo causa un revoloteo en mi paladar, pero que al final deja un sabor semi-amargo. Una sensación de chile piquín en el plato de sopa. ¿Por qué les gusta el chile piquín en la sopa, y en el spaghetti, y en el queso y en todo? ¿Será que yo prefiero sentir los sabores por separado? ¿Será que el sabor que provoca en mi boca se vuelve una droga vainilla-chocolate, de esas drogas que sólo se curan con un poco de  ungüento para la piel? (Qué fea es la palabra ungüento- pero a veces le va bien, a veces mal. Como todo en la vida) ¿Será que siempre viviré en un eterno sueño, de esos que no quieres despertar por muy doloroso que sea? ¿Será que ese té negro disloque mi camino cada vez que lo bebo? A veces así la vida, a veces bien, a veces mal….y se nota como todo en la vida. 

domingo, 27 de mayo de 2012

Retomando un poco


                                                                    Patricia Eichert
Hace mucho tiempo abandoné este espacio por distintas razones. Sin embargo, empecé  hacer lo que jamás creyeron que podía hacer: mantenerme de lo que escribo. Una persona, que dejó marcada mi vida, me dijo que era pésima escribiendo. Ahora escribo 20 notas a la semana para el portal web de una revista: Fahrenheit. Pero retomando el tema principal, y un poco actualizando la situación, dejé este blog por varias circunstancias. En primer lugar la falta de tiempo, en segundo lugar movimientos constantes en mi vida. Movimientos que no dejan que mi vida se acomode en paz, movimientos que impiden que alcance el tope de la felicidad, o ¿será que lo que vivo es el tope de la felicidad? Extrañamente, mi vida se acomoda y desacomoda desde que, hace más de un año, alguien volvió polvo de hormiga mi alma, mi mente, mi corazón. Desde ese día, y no precisamente por esa persona, siento que las cosas no han ido del todo bien. Tal vez, desde ese día, desde ese instante, desde ese momento inicio mi etapa de madurez;  esa circunstancia me lanzó a la edad adulta. ¡Qué difícil ser adulto! En ese momento me di cuenta que mi madre estaba cada vez más enferma, que mis familia tenía muchísimos problemas, que mi vida sentimental estaba en medio de un crucigrama sin respuestas, que mi optimismo fingido no me daba abasto, y que poco a poco me iba desmoronando. Con los meses llegó mi trabajo de ensueño, por un tiempo mi oficina estaba en frente de un bosque en mi amado Castillo de Chapultepec. Desafortunadamente, y para colmo de mis males, lo único que me mantenía con un pedazo de alegría terminó en diciembre del año pasado. Por momentos, pensé que si había empezado mal el año, éste tenía que terminar mal para que pudiera empezar bien el otro. Sin embargo, llegaron dos noticias que me dejaron sin los polvos de hormiga que me quedaban. Mis padres dejaron este mundo en menos de un mes, dejándome a cargo de una casa que es muy grande costear para mí, y que ha traído interminables problemas, toma de decisiones, y muchas consecuencias. Así, mi año que terminó gris, dio paso a un año que empezó completamente obscuro. Aún no me repongo de este par de ganchos al hígado. Y del golpe al corazón, ni hablar. Las ilusiones en mi vida van y vienen, al grado que hoy estoy cansada de tanto pelear por algo que estoy segura no llegará. No me gusta decirlo, pero creo que después de lo que me ocurrió con la persona que creía el hombre de mi vida, no me he podido levantar del todo bien. No es que lo extrañe, para nada, simplemente aún tengo mis reservas, me entrego de tal manera que constantemente salgo lastimada. Y el problema no es la entrega, sino a quién decido entregarme, tal parece que siempre busco, apropósito, a la persona incorrecta. Empecé por ilusionarme con un artista que sabía le daba su cuerpo y alma a cualquiera, después conocí a alguien que sabía se iba a ir del país, después, conocí a un mesero que sabía que por sus complejos no iba a estar a mi altura, y ahora, estoy buscando un poco de Kola-Loka para pegar lo que un hindú ha ido poco a poco destrozando. Caray, creo que necesito ir al psicólogo. Aunque por el momento, recordé, que escribir en este espacio es tan reconfortante como sentarme un sillón para berrear mis penas.   

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Invierno


El invierno, siempre, me ha calado hasta los huesos; es el cierre de mi estación favorita y el inicio de una estación que trae bríos nuevos. Sin embargo, cada invierno me recuerda que, tal vez, en mi vida pasada fui una hija de la chingada y no logré juntar los suficientes puntos karmáticos para pasarla del todo bien en esta vida.

Hace cinco años, en invierno, murió una de mis mejores amigas. Fue una de las peores noticias que me dieron en estas fechas de gélido clima. El año pasado me dieron un par de golpes espirituales y ganchos al hígado bien colocados a punto de knock out, acompañados de la traición de K. Para este año las cosas no andan del todo bien. Mi vida en el Castillo concluyó y las ganas de seguir curando exposiciones se ven frustradas por el cierre de año. La vida de mi madre poco a poco se nos va de las manos. Y por si fuera poco, cupido sigue jugando conmigo. No lo niego, ha sido un buen año, pero el invierno no ha sido mensajero de buenas nuevas. No hay señales de ofertas de trabajo, ni de un buen estado de salud para mi madre, e incluso, salgo con alguien, pero ese alguien no me llena del todo, lo cual no me hace feliz.

Si la lluvia me hace llorar, el invierno me hace escaldar mi piel hasta allagarla de dolor. Sin embargo, deseo que el próximo año empiece con un poco de melodías vainilla y tés de colores melocotón. Anhelo escaparme de casa y encontrarme con un par de amigos al sur del país, tal vez, viajemos al sur del conteniente y nademos hasta la Costa Azul.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Sin remitente


He leído la correspondencia entre Anaïs Nin y Henry Miller y me ha surgido la necesidad de escribirte un par de líneas. Líneas un tanto cursis, un tanto melosas. Líneas llenas de arte y sin poesía, con reclamos y fantasías. Sin embargo, no he tenido el valor para hablar con Mercurio. El miedo de ocupar un espacio en tu correspondencia electrónica, me ha impedido dejar un mensaje en tu bandeja de entrada. Me hubiera gustado tocar a tu puerta y entregarte una impresión escrita con besos de frutos rojos.

Por el momento, te cuento que mis días no han sido fáciles. Hay una crisis existencial en mi camino. Al parecer mi destino está marcado en fragmentos que colapsan en la misma fecha del calendario. Hace un año, después de soñar una vida paralela junto a una persona amada, en un fin de semana, mi universo giro. El golpe vino con una traición al corazón. Hoy, en la misma fecha de noviembre, otra persona amada se escapa, poco a poco, de mis manos. Mi madre. Ella, hospitalizada con un cáncer que llega hasta el cerebro y debilita su corazón, ha intentado luchar entre conductos que miden su respiración. Por si fuera poco, mi vida en el castillo terminará.

Mi relación con cupido no ha sido nada buena. Unos días me regala gotas de endorfina y pastillas de miel, y otros días me envenena con sustancias tóxicas en frascos de desilusión y fatiga espiritual. He tenido que tragarme mi vulgaridad de vida cotidiana y manejar el estrés con toques de melancolía. Me cuesta trabajo decirlo pero desde que te fuiste mi mundo colapso. Es demasiado femenino de mi parte el quererte ver todos los días, pero no lo puedo evitar. Te extraño. ¿Volveré a verte? El invierno está en puerta y con él un par de lágrimas secas.

Espero una respuesta que nunca llegará.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Adiós a mi Castillo

Empieza la cuenta regresiva. Tengo que mandar currículos a todas las instituciones de la ciudad relacionadas con el mundo del arte, porque, en menos de dos meses, dejo mi amado Castillo. Sí, efectivamente, dejo mi Castillo porque el INAH no tiene presupuesto para financiar mis proyectos. Eso me hace pensar que el INBA no tendrá presupuesto para pagar una plaza a principio de este año, y menos con unas elecciones nacionales en puerta. Sólo me queda el anhelo y las esperanzas de trabajar en una institución privada, llámese Slim, Jumex o cualquier galería no perteneciente a CONACULTA.

A pesar de tan malas noticias, mi ánimo no ha decaído, he estado en peores condiciones. Sin embargo, mis necesidades de independizarme del nicho paterno (llámese vivir en casa de mis papás) se ven cada vez más frustradas. Mis futuros-casi roomies han quedado desilusionados después de tan malas noticias. Para colmo de mis males, los gastos decembrinos me tienen preocupada: las bodas en puerta, los regalos navideños, las deudas de las tarjetas, el pago de mi examen de maestría, y pos, ya me olvido de mi viaje a Cartagena y San Pancho.

Mi único consuelo es que el otoño sigue regalándome polvos mágicos que, a pesar de todo, siempre me ponen de buenas. Tal vez, ya encontré a mi roto ahora que me encuentro muy descocida, aunque he de confesar que esta situación me tiene demasiado asustada y confundida (por lo pronto es un tema que aún no me animo a tratar). Sólo sé que quiero dejarle un beso mandarina a este muchacho que me confunde con su francés y su psicología andante.

Por lo pronto, les dejo este videíto de mi hogar por el día

domingo, 9 de octubre de 2011

Otoño lluvioso


Estos días de lluvia han impedido que el otoño pinte de maple las avenidas de esta conflictiva ciudad. Los colores mágicos de esta corta estación se han encerrado en tormentas que nublan la visión e impiden ver más allá. Recorrer las calles bajo la lluvia en otoño, realmente, me hacen entristecer. Ciertamente la inspiración no ha regresado, no sé si regresará, no sé si alguna vez fue mía. Por lo pronto me encuentro con un poco de belleza clásica:

LLueve en mi corazón Il pleure dansmon coeur

Como llueve sobre la ciudad comme il pleut sur la ville.
¿Qué es esta tristeza
Quelle est cette langueur
que penetra mi corazón?
quipénètre mon coeur?


¡Oh ruido dulce de la lluvia
Ohbruit doux de la pluie

por tierra y sobre los techos! par terre et sur les toits!

por un corazón doliente pour un coeur qui s'ennuie.

¡Oh el canto de la lluvia! Oh le chant de la pluie!

LLora sin razón
Il pleure sans raison
en ese corazón que se descorazona
dans ce coeur qui s'écoeure.
¿Qué? ¿Ninguna traición?
Quoi! nulle trahison?

Este duelo sin razón Ce deuil est sans raison.


Es seguro la peor pena
C'est bien la pire peine

de no saber porqué de ne savoir pourquoi
sin amor y sin odio
sans amour et sanshaine

mi corazón tiene tanta pena mon coeur a tant de peine

Paul Verlaine

Caravaggio

Rossetti

Botticelli

domingo, 4 de septiembre de 2011

Lost in translation...Extrañando lo que nunca pudo ser






I have to go, but I will not let that come between us, okay?...

domingo, 21 de agosto de 2011

La vida es cruel, la gente cabrona y las esperanzas estorban

Goya

Desde que nací, me di cuenta que la vida no siempre es color rosa. Siempre supe que hay golpes que ni con mertiolate cicatrizan. Mi padre me enseñó que los cuentos de hadas nunca terminan en un final feliz. Sin embargo, a pesar de tanto madrazo que me ha tocado vivir, he intentado darle la mejor sonrisa a la vida Los que me conocen saben que me molesta trasmitir cosas negativas. Pero hay momentos en los que mi mood de sunshine forever llega a su límite y la nubecita que me persigue a diario se instala en mi arcoíris de extrema felicidad. Mis twitts, cómo dicen Minerva e Iván, son poético-dramáticos. De cierta manera, yo soy poética-dramática, tal vez bipolar: unos días la sonrisa me acompaña de oreja a oreja y otros días me encierro en mi ciclo de tormenta tropical.

Estos días los he vivido dentro un carrito de feria. En el trabajo todo bien, todo mal. El estrés, las listas de obra, los errores por mi distracción colectiva, el odio-amor por Madero, la felicidad de trabajar en un castillo en medio de un bosque y las ganas de llorar mis frustraciones por falta de experiencia laboral han acompañado con té amargo esta semana. Con los amigos he reído hasta llorar y he llorado por la traición de alguien que sabía me iba a traicionar. He bebido mezcal y en Raquia Serbia he mojado mis penas. He tenido charlas fantásticas con alguien que sé perfecto para mí pero que unas semanas se mudará a otro país. De la felicidad a la tristeza me he tomado un café Toscano con Danielito. Del amor al odio he pasado un millón de veces. Mi artista me ha cancelado un par de encuentros. De aquel hombre que se va sólo me queda la tristeza de saberlo fugaz. De mi familia se espera un divorcio, mi madre unos días bien unos días mal, con mi padre se vive el cuento de nunca acabar.

Me deprime saber que en unas horas exhumarán el cuerpo de mi amiga Mabel y lo trasladaran al panteón Francés. Me alegra saber que una par de horas estaré jugando fútbol. Me deprime saber que mañana es lunes y tendré que trabajar a marchas forzadas. Me alegra saber que mañana es lunes y que en la semana iré a mi calle favorita en la Roma con Isaúl. Me deprime saber que él se irá a Estados Unidos en dos semanas. Me alegra saber que tendré dos semanas para perderme en sus ojos negros y que algún día los volveré a ver. Me deprime saber que he tenido que romper las ilusiones que me hice respecto a mi artista (él es maravilloso, pero él no es para mí). Me alegra saber que mis sueños siguen siendo sueños y, que tal vez, algún día mi artista decida quedarse en el centro de mi planeta. Me deprime saber que la vida es cruel, la gente es cabrona y las esperanzas estorban. Me alegra saber que la vida es cruel, la gente cabrona y que las esperanzas estorban.

viernes, 15 de julio de 2011

Se me olvidaron los puntos en algún punto

Miguel Rodríguez

La lluvia me ha traído tormentas con un dejo de tristeza y mi madre en la cama sin poder levantarse en medio de un cáncer entre el estómago y los pulmones y los puntos sobre la mesa y una semana llena de archivos con una curaduría sobre Madero en mi Castillo de Chapultepec trabajo nuevo y confuso los momentos de mi vida que persiguen las estrellas para detenerse en la luna y perder el compas del camino que marca una ruta entre un mejor amigo un artista un desconocido olvidando los puntos que se habían planteado en un momento de luz y obscuridad en medio de una noche fría y sola sin más remedio que anhelar y disfrutar un café una velada en los brazos que no son los míos en algún punto dejar de soñar para volverme sueño de noche y de día dejar de llorar dedicarme a mi destino pasajero en este mundo extraño con un haz de luz neón brillante en los ojos miel en vez de temor en los labios rojos que acarician canciones de tango y melancolía en la piel que desconoce la voz que jamás ha odio decir la melodía de un pasajero astronauta de un planeta como el mío perdida en lo más lejano de un punto que he olvidado y no recuerdo la vista cansada de tanto llorar por las lluvias que siempre me han traído malas noticias pero que anhelo después de tanto color arcoíris que he olvidado en un cajón archivado en una ventada que rompe vientos por ser abierta y las ganas de amar té durazno y un cuadro en la pared para dibujar sueños rotos y trazar anhelos y deseos que construyan una temporada en el paraíso a lado de un hechicero que rompa el frío del hielo después de un beso a punto de nieve con frutos rojos y azabache una aceituna como un punto olvidado en un vaso de cristal servido de whisky y mezcal bañados en confusión y desorden mental que busca el ancla que marque un nuevo destino para no sentir más para no vivir más dolor y buscar y encontrar algún momento que indique el sabor de un papel que quedo escrito en el ayer entre enero y hoy me olvido de mí y de ti para vivir aquí un punto final

lunes, 20 de junio de 2011

Mentiras para el corazón y de cómo odio algunas cosas de este mundo

Scott Rohlfs Its Not You Its Me

A quién engaño, me encanta quejarme y hacerme la sufrida para que me consientan, pero esta semana me han tocado regaños, jalones de oreja, gritos y una que otra madriza espiritual. Me he declarado bipolar y encantadoramente suicida. Hay palabras sabias que me han cantado al oído, frases seductoras llenas de ensueño y nubes de azúcar rosa. Pero la batalla sigue y mi mente insiste en somatizar problemas inexistentes. Un día amanezco llena de sabores mermelada y otro con resfriado mental. Por lo que se me antoja hacer una lista de las mejores mentiras para el corazón y de cómo odio algunas cosas de este mundo:

1.-Siempre he dicho que no hay que esperar nada de nada ni de nadie, sin embargo siempre espero algo de alguien. Busco recibir un mínimo de reciprocidad en las personas. Espero que me llamen, que me abran la puerta del coche, que me busquen cuando yo quiero, que me dediquen el tiempo que necesito, que me saquen a bailar cuando llevo el atuendo más fancy de la semana. Por lo que concluye que, algo que odio de este mundo es esperar algo de alguien.

2.-La familia me tiene de cabeza, que si me ayudas, que si me traes, que si me llevas, que necesito un abogado, que si me donás sangre, que si ya compraste las medicinas. Me he engañado todo este tiempo: he pensado que mi familia está ahí para apoyarme. Más bien creo que yo estoy ahí para ayudarlos. Ósea, qué carajos harían sin mí…yaaaaa basta con mi familia. Necesito un espacio para resolver mis problemas y no adueñarme de otros líos que no son totalmente míos.

3.-Me he saboteado, como es mi costumbre en estos ligeros problemillas del corazón, he perdido la oportunidad. La dejé ir. No sé si recibí las señales correctas en un momento incorrecto o fueron señales incorrectas en un momento correcto o simplemente me he creando fantasmas en mi mundo de juguete. Engañé al corazón pensando en alguien más. Me engañé pensando que él era simplemente un amigo. Y hoy, envuelta en celos, me quedan las migajas de algo bueno por lo que debí pelear. Odio los celos y ya estoy inmersa en ellos. ¡Carajo, por qué la gente no es clara con sus sentimientos! ¡Carajo, por qué no soy clara con mis sentimientos!

4.-Hablando de sentimientos. Odio que me regañen por soñar…está bien…está bien, se oye contradictorio, pero me encanta soñar, formarme una burbuja inexistente. Me encanta engañar al corazón, hacerme mis cuentos y mis fantasías, no por nada mi ascendente es sagitario. Me encanta platicar con Danielito (ibero-historia-boy) pero odio que me regañe. Danielito, amigo, yo sé que lees estás líneas, por fa por fa, ya no me regañes como lo haces, yo sé que lo haces por mi bienestar mental, pero dame chance de soñar. Ya sé que viajar al extranjero con mi artista es una utopía que ni en Milán cumpliría, pero de cierta forma, no me cuesta nada soñar.

5.-Ya entrados en el tema de los consejos y regaños. Odio con tooooooodo mi ser que me molesten personas que no conozco o que por lo menos no considero mis amigos. Es obvio, que si me molestan los consejos no pedidos y los regaños no deseados, me fastidia de sobremanera que me molesten personas ajenas a mí. A mis amigos les permito que me regañen, que me molesten, que me digan que mi color de cabello no es rojo. Pero al tipin más looser- seudo ligador (cuyo ligue es fastidiar a los demás) NO. Odio de este mundo a los molestos-borrachos-RBD que se acercan a decirme curandera en vez de curadora, ósea “cariño, ¡cómprate un libro y ponte a leer!”

jueves, 28 de abril de 2011

Al final del día

Jeff Koons

A escondidas lo sigo paso a paso. No lo niego, aún me duele e incluso aún lo extraño. Nunca le deseé nada malo. Siempre quise que fuera feliz y estoy segura que durante cinco años, existieron momentos en los que él fue feliz. Momentos llenos de risa, de sueños compartidos, de juegos, de cosquillas en la piel, de mordidas en los hombros, de cariños en el estomago y palabras al oído, de gatos y peluches con galleta y hojuelas.

Cuando lo nuestro terminó, sentí que había perdido la brújula de mi camino. El hambre se me fue junto con cuatro kilos demás y el mundo me aplasto. Manos amigas estuvieron ahí para sacarme del charco enlodado en el que estaba. Mi vida dio un giro inexplicable, nuevo, diferente, demasiado bueno y confuso a la vez. Llegaron amigos nuevos, proyectos, besos y abrazos nuevos, palabras bellas, sueños y bailes nuevos, música, colores, olores, acentos y matices diferentes, problemas y hombros nuevos en quién refugiarme. Tome una brújula de un material afrutado con sabores pimienta y colores pastel. Pasaron los días, fui entendiendo que, tal vez, él no sería feliz a mi lado. Conforme iba siguiéndolo me di cuenta que, efectivamente, él era feliz sin mi, y eso me hacia feliz. No lo niego, a ella la odie con todo mí ser. Hubiera deseado verla frente a frente para suplicarle que me devolviera mi corazón. Tenía tanta rabia contra ella que quería destrozarla por haberme hecho sentir tanto dolor, por haberme quitado lo que más amaba en la vida. Con el paso de los días, me di cuenta que él estaba viviendo en un sueño, y eso me dejaba tranquila. Me llenaba de alegría saber que por algo pasan las cosas y que si él tomó una decisión fue para bien.

No sé si he mal interpretado las cosas, a veces me equivoco, pero hoy siento de nuevo esa rabia contra ella. Pero en esta ocasión es diferente. Me molestó saber, que tal vez, ella lo lastimó. No quiero saber que él sufre, no quiero saberlo triste, no quiero que sus sueños se derrumben. Sigo pensando que ella es una bruja, una bruja que me hizo sufrir y que ahora lo está haciendo sufrir. Por momentos, quisiera hablar con él, decirle que a pesar de todo lo quiero mucho y que si necesita una amiga ahí estaré. Aclaro que, saboreo tanto mi vida nueva lejos de él que no deseo ni tengo la intensión de volver. No voy a buscarlo porque al final del día yo soy feliz.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Té amargo

Edward Burne-Jones
Mis ojos se han secado de tanto llorar. El frío me ha calado un poco más, más que nunca, me duele en el alma. Me duele en el tuétano, en la punta del pie. Me duele el suspiro que me han robado. Cómo explicar tanto dolor, cinco años de golpe, cinco años encerrados en un cuento que no ha llegado con un final feliz. Mi cuerpo, ya marchito, no puede sostener el poco aliento que me queda. El mundo cayó sobre mi espalda, una espalda con una mariposa a medio volar. Una espalda que soporta la insoportable levedad del ser, del ser sin él, del ser y del existir, del vivir en un lugar fuera del universo, de la necesidad. Una espalda doblada por el dolor. Un dolor frío y amargo como el café que bebiste en un desayuno continental y los mil cigarros y tus años de juventud y tus años y tus amigos, y tus años y diecisiete vidas.
Creí que podría mantenerme en pie, pero ya lo ves, es imposible. Y la imposibilidad, la maldita imposibilidad de correr por ti, de decirte aquí estoy. Estoy sin ti y sin ti me muero. Me muero en una inmortable vida, las consecuencias, como bien dices, han marcado el destino de mis actos. He merecido el dolor en mí, por ti. Creí poder atrapar al viento, pero el error está en creer, y esperar. Esperar una llamada, que tal vez, nunca llegará. Y saberme incapaz de borrar tu número de mi celular y el soní que anunciaba, de tirar miles de cartas con promesas sin cumplir y sueños rotos, de viajes sin hacer, de palabras tiradas al aire, de un paso a Durango y un único baile que supimos bailar. No he podido dejar de llorar, no he podido alejarte de mi mente, no he podido guardar osos, peluches, sueños y más sueños, y tu hora veinticinco. No he depositado los cuatros mil en una cuenta, con la esperanza, tal vez tonta, de darte más para nuestro castillo minimal que quedó a medio morir. No quiero decir adiós, me niego a decir adiós, no puedo decir adiós. ¿Por qué te crees dueños de mis decisiones? ¿Por qué crees saberlo todo? ¿Quién eres tú para decirme a quién amar y a quién no? Resulta que eres tú el dueño de mis desvelos, de mis suspiros que no me dejan respirar. Tú y nada más tú. Tú. Tú y yo, ya nadie más. Y yo decidí darte mi amor, tatué mis besos en tu espalda, y tú tatuaste tu nombre en mi cuerpo. Sin poder respirar sigo llorándote. Clavándote en mi corazón, espina por espina. Quisiera hablarte, pero la furia encerrada en tus cuatro paredes ha estallado, y no quisiera despertar al tigre que llevas en el pecho. Con el teléfono en mano muero en mi propia cruz, sufriendo en la espera de verte llegar. Sin embargo, las almas de metal, una vez sometidas, tienen que descansar. Esperar este maldito ritmo de vida sin ti.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Para mi viajero astral

XavierRey
Hoy es domingo. Un domingo de eso que calan hasta los huesos, que dejan un enjambre de sentimientos y dolor. He llorado como nunca. Me han alejado de lo que más atesoro en esta vida. Me he caído del cielo para estrellarme contra el pavimento. Las Moiras me han cortado los hilos y me han arrojado al Hades. En este domingo él tomó la decisión de apartarme de su vida. No lo puedo negar, la despedida ha sido hermosa, encerrada en un abrazo, que tal vez, duró una hora, para mí sólo un segundo y la esperanza de que fuera eterno. Me hubiera encantado morir ahí, morir entre sus brazos y viajar hacia un mundo nuevo. El argumento ha sido la monotonía, el desear algo mejor para mí, la promesa de no querer lastimarme, pero jamás la falta de amor.


Él no cree que pueda ser amado. Lo que él no sabe es que ya es amado. Lo amo con todo mi ser, con este ser lleno de sueños e ilusiones. Con este ser que no vive sin él. Hoy es un domingo triste, un domingo que me ha dejado con lagañas en los ojos. Hoy es un domingo que anunció el viaje del asceta, de mi viajero astral, de un hombre que desea estar solo porque no puede más. Espero que él sepa que yo estaré ahí al regreso de su viaje, esperándolo para seguir con nuestro camino. Este domingo triste, me ha dejado con un dejo de esperanza, mi sonrisa no se ha ido del todo. Mi corazón sigue latiendo y latirá por él y para él. Espero que su viaje le muestre el camino y lo traiga de regreso a nuestra casa, que ha quedado a medias, una construcción que anuncia algo latente. Algo que no ha muerto pero que necesita un respiro. Algo que necesita descansar por un rato, limpiarse por dentro.


Por el momento hay que dormir, esperar, descansar, dar tiempo al tiempo, respirar, dejar respirar para no morir ahogados. Espero que él sepa que yo estaré ahí con él para siempre. La sortija volverá a mí mano junto con sus caricias y sus labios. Porque en este domingo amanecí a su lado y me esperan más domingos para amanecer entre sus brazos. Te amo mi hombre kafkiano.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Adiós a la escuela

Rafael
Ayer fue mi último día de clases de la maestría. La verdad me puse un poco sentimental, tal vez un poco más de lo que yo esperaba. Cuando dejé la prepa, fue triste, pero también fue liberador. Liberador porque estudié en la misma escuela desde el kínder hasta el último año de la preparatoria. No me puedo quejar, los mejores años de mi vida los pase en ese lugar de madrecitas, ahí conocí a mis mejores amigas. Cuando entre a la universidad por primera vez, fue muy emocionante, me excitaba la idea de conocer gente nueva. Sin embargo, convivir con la gente del Opus Dei se volvió algo cansado. Cuatro años viaje hacia Mixcoac, terminé la licenciatura en filosofía, de la cual no aprendí mucho, con una generación de doce personas, de las cuales me lleve un mal sabor de boca lleno de chismes y envidias. Lo único bueno que me dejó la UP fue a mi novio.
Ahora, después de un año de diplomado y dos de maestría, he terminado el posgrado en Santa Fe y no puedo evitar estar nostálgica. Voy a extrañar a mis maestros queridos, incluso extrañaré a Barrios, los días de angustia en los coloquios, el estrés en cada curaduría, a mis amigos y las increíbles pachangas que armábamos después de clases, los ladrillos rojos, los laberintos en la hermosa biblioteca Xavier Clavijero, los té chai del café sociaty, el cubo, el trébol, la cafetería de los pobres, a la secretaria, las risas en cada clase, las comiditas con artistas, los autorretratos de Mónica, el vinito en plena clase, el Big Yellow, a Pancho y las mariposas, a los fresas, a los freak, a la explanada, el tráfico en el estacionamiento y un montón de cosas más. Decir adiós a la Ibero me deja con un dejo de tristeza. Pero como este año me ha enseñado que B no sucede sin A, pronto estaré de regreso en mi querida Ibero.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Cinco minutos y mil horas de odio


Intenté por unos minutos analizar, reflexionar, meditar sobre una situación tan fastidiosa, que lo único que logré fue revolver más mi estomago y desencadenar mi bilis negra. Tal vez, esté exagerando, pero no lo puedo evitar, el coraje ya lo hice. Estuve todo el fin de semana distraída, alejada de lo que me rodeaba, tristona por el problema que tuve con mi papá, pensando y suspirando como idiota por él, añorando el lunes para escuchar su voz, para oírlo, para decirle cuánto lo extrañé. Y lo único que obtuve, fue una conversación – ¡vaya! ni conversación, mala gana de decir las cosas- de cinco minutos. ¿Por qué demonios la gente suele ser tan cruel? Qué ganas de romper en trocitos mis ilusiones y patear mi corazón por teléfono en menos de cinco minutos. Si no quería hablar conmigo porque estaba cansado, qué le costaba decírmelo. Me hubiera ahorrado el berrinche que estoy haciendo. Porque estoy haciendo un gran, gran berrinche. Lo odio. ¿Por qué a veces es tan cruel?, ¿por qué se da sus aires de grandeza?, ¿por qué siempre tiene la mala costumbre de olvidar esos pequeños detalles que hacen grandes las cosas? Y ahora lloro como estúpida –porque cuando lloro lo hago como estúpida- y estúpida que soy por aguantarlo. Hoy estuve esperando a que llegara la noche. Me emocioné cuando vi el cielo morado con esas pequeñas estrías anaranjadas y vi como el sol caí por la luna. ¿Todo para qué? Para que nuestra platica fuera de cinco minutos, cinco caprichosos minutos. Cinco minutos y veinte mil horas de odiarlo y seguirlo odiando. Y no me hubiera importado hablar con él, tan sólo, cinco minutos, sino que fueron los cinco minutos más desagradables del día. Sé que mañana por la mañana hablaré con él y él estará como si nada, él estará como si todo estuviera igual, y yo como estúpida –como la estúpida llorona y rogona que soy- estaré ahí perdonándolo como siempre. Sé que él estaba cansado por su viaje “obligado”, pero yo, yo necesitaba saber de él, escucharle, olvidarme de un fin de semana terrible en donde mi pie izquierdo pisaba el camino del derecho. En verdad me hizo tanta falta. Por lo que dedujo y aconsejo:

a) Los hombres, en particular el hombre de cada una, son unos idiotas. No merecen que una suspire, y mucho menos, llore por ellos. Es mejor dejar de verlos como príncipes y empezar a verlos como los sapos tontos que son. Olvidarse de los primeros meses de romanticismo y acostumbrarse a los cinco años de noviazgo llenos de monotonía. Y si una es fuerte, prepararse para los 35 años de casada con el hombre que le huele la boca, le apestan los pies y tiene un amigo caído.

b) Cuando se van de viaje, ya sea con amigos o de trabajo, es mejor no extrañarlos. Total, es 99% seguro que ellos no se acuerdan de nuestra hermosa carita. Por lo que recomiendo disfrutar de unas vacaciones sin ellos, salir con las amigas, tomar unos tragos, tener una cenita coqueta, ir a bailar, disfrutar de las cosas bellas que el mundo nos ofrece y no limitarse a una de ellas. Así, es 100% seguro que una no los extrañe, ni suspire por ello. La neta que aburrido ser una Penélope.
c) Es mejor no esperar nada de ellos. No hay que esperar, ni siquiera, una llamada. Es mejor no pensar en ¿qué le diré?, ¿qué me dirá? Recomiendo ir por un whisky con los amigos. Si llama, sólo le dices que un rato le devuelves la llamada y jamás le hablas, sólo, hasta que se te pegue la gana.

d) ¿Pensar en comprarle algún detalle para su regreso? Jamás, es mejor gastar el dinero en una, comprarse unos lindos tacones, una minifalda, una chamarra, una blusita, una bolsa, un juguete coqueto.

e) Escribir ridiculeces en un blog. No es recomendable para aquellas que no les guste el exhibicionismo. Pero es 100% catártico sobre todo después de una gran desilusión.